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La Cuarta Revolución Industrial llega a las aulas de clase

Si el futuro es de la energía de hidrógeno, los autos eléctricos, la medicina biónica, la Inteligencia Artificial, la fibra óptica, la robótica y las ciencias del agua, ¿dónde están los egresados de esas áreas?, se preguntó unas semanas atrás Julio Millán, presidente de World Future Society (WFS), Capítulo México, en el documento “Capacidades y carreras en la economía del conocimiento”.

“El futuro requerirá de arqueólogos submarinos, biomatemáticos, abogados en bioderecho, filósofos de la producción industrial, urbanistas digitales, tecnoagricultores, tecnojuristas… pero muy pocas universidades se están sumando al proceso de la economía del conocimiento para los próximos 50 o 100 años”, añade Millán, en entrevista con Forbes México.

Las profesiones que menciona el representante de esta organización encargada de plantear escenarios futuros en distintos ámbitos, no son especulaciones sin sustento. En el informe “Revolución de habilidades 2.0: los robots no necesitan postularse”, el ceo global de la reclutadora Manpower, Jonas Prising, señala que los mayores aumentos de personal en los siguientes años estarán en áreas vinculadas a la Cuarta Revolución Industrial, tales como tecnologías de la información, con 6%; front line, 11%, y manufactura y producción avanzada, 36%.

El directivo de Manpower es aún más contundente: “Debemos migrar a más personas de las industrias en declive a los sectores en crecimiento: trabajadores de la industria textil a materiales técnicos, mineros de carbón a programación. Esto significa que, en el futuro, puede que el éxito no siempre requiera de un título universitario, sino del continuo desarrollo de habilidades”.

Las habilidades a las que se refiere el ejecutivo de Manpower son las digitales y tecnológicas, considerando que “el aumento de la industria 4.0 está alimentando el renacimiento de una fabricación avanzada”, pero también las que no son nada nuevas en la teoría organizacional, pero sí escasas, y que han tomado relevancia en los últimos años: liderazgo, comunicación, gestión, colaboración, trabajo en equipo, etcétera.

“Son habilidades [éstas últimas] que jamás van a estar en un robot y, por lo mismo, su valor está aumentando. Es en la buena mezcla entre conocimientos en alta tecnología y estas fortalezas humanas donde los empleadores ven los verdaderos desafíos”, se menciona en “Revolución de habilidades 2.0”.

Si el perfil de los futuros egresados está en las áreas STEM (sciencetechnologyengineering y mathematics) y en las habilidades “blandas”, como también aseguran otras firmas globales de reclutamiento, como Hays, la pregunta planteada por Millán estaría definiendo no sólo el futuro de los egresados de las universidades en el mercado laboral, sino el de las propias instituciones de educación superior, porque, ¿qué razón de ser tendrían, si no están dotando a los estudiantes de las habilidades y el conocimiento que esperan de ellos sus futuros empleadores?

Universidades del futuro, rankings del pasado

Desde finales de la década de 1980, los rankings universitarios han fungido como una herramienta de clasificación que premia el prestigio institucional y los conocimientos de sus estudiantes. A nivel global, son más de 20 los listados en educación superior que diversas organizaciones realizan cada año. Los hay de todo tipo, desde los que califican factores tradicionales como calidad académica, bibliotecas y presupuesto, hasta los que evalúan investigación, acceso al empleo y enfoque internacional.

Un ejemplo del primer caso es el llamado Ranking de Shanghai, mientras que el Ranking de QS representa al segundo. Pero, en el amplio espectro del tipo de listados que existen, ninguno podría fungir como una guía que respondiera claramente a la pregunta: ¿Dónde se están preparando los egresados del futuro?

 

Lo que califican los rankings

La compañía británica especializada en educación Quacquarelli Symonds integra en su marco Metodológico de rankings, que elabora anualmente sobre las mejores universidades del mundo, los siguientes aspectos:

  • Reputación académica. Equivale al 40% de la evaluación. Recopila opiniones de más de 80,000 expertos en el ámbito de la educación superior, con respecto a la calidad de la enseñanza y la investigación.
  • Reputación del empleador. Equivale al 10% de la evaluación. Se realiza con base en una encuesta a más de 40,000 empleadores, a los que se les pide que identifiquen aquellas instituciones de las cuales obtienen graduados más eficientes, competentes, innovadores y efectivos.
  • Proporción docente / estudiante. Equivale al 20% de la evaluación. Observa la medida en que las instituciones pueden proporcionar a los estudiantes un acceso significativo a profesores y tutores.
  • Citaciones por Facultad. Equivale al 20% de la evaluación y mide el total de citas recibidas de todos los documentos producidos por una institución en un periodo de cinco años.
  • Proporción internacional de facultad y proporción de estudiantes internacionales. Equivalen al 5% de la evaluación cada uno, y demuestran la capacidad de atraer estudiantes y docentes de todo el mundo, lo que sugiere, a la vez, que la universidad posee una fuerte marca internacional y perspectiva global.

Por su modelo metodológico más flexible, el Rankin de QS, en su rubro “Reputación del empleador”, donde aborda eficiencia de graduados e innovación, es lo más cercano a una evaluación en el área de capacitación de los estudiantes en el entorno de una economía del conocimiento, dentro de un contexto de evolución tecnológica. Pero especialistas de firmas de reclutamiento y las propias universidades coinciden en que parece una categoría demasiado forzada para dar respuesta a la pregunta planteada.

“Hay rankings que siguen en la parte metodológica más clásica”, comenta el vicerrector asociado de Investigaciones del Tecnológico de Monterrey, y experto en listados, Neil Hernández. “Creo que, en el futuro será importante preguntar más a los clientes. ¿Quiénes son ellos? Pues, las empresas. Sólo de esta forma se podrá asegurar que la educación de los egresados esté acorde con el actual contexto de cambio”.

Esta situación lleva a que los rankings no estén fungiendo como herramientas que indiquen qué universidades están involucradas en la educación del futuro y, por tanto, que su metodología no refleje las nuevas necesidades del mercado. “Pero hay que decir a favor de muchas universidades que están siendo evaluadas en estos rankings, que hay instituciones de educación superior que impulsan programas interactivos y desarrollan habilidades del futuro”, menciona Ignacio Casillas, director de Manpower México.

Casillas parece no equivocarse. Más allá de que las clasificaciones de universidades tengan que evolucionar en sus metodologías de evaluación para estar acordes con los nuevos tiempos, hay evidencia de que algunas instituciones de educación superior ya trabajan en la reconfiguración de carreras, programas de estudio, troncos comunes y desarrollo de habilidades “blandas”. Al menos esto contaron a Forbes México cinco universidades latinoamericanas que suelen, dicho sea de paso, ocupar los primeros lugares en los rankings de educación en la región.

Un ejemplo es el Tecnológico de Monterrey, que apenas hace unos meses puso en marcha una nueva área, con la que pretende subirse de lleno a la Cuarta Revolución Industrial. Lleva por nombre Transformación Educativa, y es parte esencial de un proyecto que comenzó a gestarse en 2012, identificado con el nombre de Modelo Tec 21, que tiene como objetivo proveer a los alumnos de habilidades como el autoconocimiento, la autogestión, el emprendimiento, la inteligencia social, el compromiso ético, el razonamiento para la complejidad y la comunicación.

“Se trata de que nuestros egresados tengan las competencias del siglo XXI. Es un modelo que se gestó a partir de que salimos a recorrer el mundo para conocer las mejores prácticas de más de 35 universidades importantes. Estuvimos visitando las instituciones más icónicas de la región e intercambiando ideas. A partir de ahí, planteamos un nuevo modelo”, comenta Román Martínez, vicerrector de Transformación Educativa del Tecnológico de Monterrey.

 

Fuente: Forbes

 

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