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Inteligencia artificial: la clave para vigilar a los estudiantes en China

Siete escuelas de ese país están probando una cámara de video que analiza minuto a minuto las expresiones faciales de los estudiantes para verificar si ponen atención. ¿Será este el futuro de la educación?

Hay una pequeña cámara de vigilancia encima del tablero. Los alumnos de  la escuela secundaria Niulanshan, en Pekín, no lo sospechan, pero los está observando. Cada minuto, toma una foto de la clase.

Luego, un software de reconocimiento facial identifica a los alumnos y, según su lenguaje corporal los clasifica en una de seis conductas diferentes: leyendo, escribiendo, alzando la mano, de pie, escuchando al profesor o reclinándose sobre la mesa.

Parece una novela de ciencia ficción, un ‘fanfic’ de 1984 de George Orwell. Pero es lo que viven -sin saberlo, en muchos casos- los estudiantes de algunos colegios en China que están probando el Sistema de Cuidado de Clase, un software de monitoreo del aula con inteligencia artificial, parte del plan del gobierno de “Educación Inteligente”.

En teoría, la idea de esta tecnología es ayudar a los profesores y padres a conocer el comportamiento de sus hijos y alumnos, saber cuando uno de ellos tiene problemas para prestar atención y poder intervenir cuanto antes.

La tecnología puede, no solo ‘leer’ el comportamiento del estudiante, sino recoger la información pasada y presente del estudiante para crear una puntuación semanal que puede usar el maestro para identificar a los jóvenes que más necesitan ayuda.

Además, los padres también pueden ver en tiempo real el comportamiento de sus hijos, si ponen atención o se duermen en clase, una posibilidad que atrae mucho a la nueva generación de papás helicóptero.

“Por lo general, los profesores solo están pendientes de dos tipos de estudiantes: los más inteligentes y los más necios. La idea de nuestra tecnología es cuidar de cada niño en el salón de clase, incluso los más ignorados alumnos de nivel promedio”, dijo  Zhang Haopeng, director general de Hanwang Education, la empresa que desarrolló el software, al medio chino Sixth Tone.

A quienes no les gusta tanto es a los estudiantes. Según un extenso reportaje publicado en Sixth Tone, algunos alumnos sienten “ansiedad de pensar que si los cogen distraídos en clase, eso afecte sus posibilidades de entrar en la universidad que desean”.

Suena absurdo, pero no es una idea descabellada para los habitantes de este país; es bien conocido el sistema de puntuación social que usa China para determinar quién puede acceder a servicios básicos como préstamos bancarios o tiquetes de avión según qué tan ‘buen ciudadano’ sea.

Otros estudiantes dicen sentirse intimidados por la cámara. En la escuela Chifeng No. 4,, los estudiantes incluso desconectaron la cámara antes de los exámenes finales “como acto de protesta”.

Incluso algunos desconocen que los están observando.  Un estudiante de 16 años de la escuela secundaria Niulanshan se enteró cuando se reconoció a sí mismo en una foto que circulaba en internet y donde identificaban el estado de cada uno de los estudiantes de su clase, cuenta el reportaje.

De momento, el sistema está en siete colegios en los que el Ministerio de Educación prueba es software (el precio de conectar cada uno puede ascender a unos 650 millones de pesos) para ver si cumple con su promesa de ayudar a los profesores a mejorar el rendimiento de sus alumnos.

Pero el plan de Hanwang Education es extenderlo a 100 colegios para 2020. Y, de ahí, al resto de China.

Este es solo el comienzo; para Pekín, estas iniciativas de big data e inteligencia artificial son el futuro de la educación. En diciembre, 10 escuelas en la provincia Guizhou ya tienen ‘uniformes inteligentes’,que “incentivan la puntualidad” al monitorear en cada momento la ubicación de los estudiantes.

Y este año surgió una fuerte en el país asiático porque BrainCo, una startup de electroencefalografía, empezó a otro proyecto piloto en algunas escuelas chinas donde les ponen una banda metálica a los estudiantes durante la clase para leer su actividad cerebral.

Fuente: Revista Semana

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