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Lo que nos dice los resultados de las pruebas PISA en Colombia

Esta semana se hicieron públicos los resultados de las pruebas del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes (PISA, en inglés) que realiza la OCDE, edición 2018. Los resultados colombianos son agridulces. Pero más que autofustigarnos, debemos abrir un debate franco y serio sobre como mejorar la calidad de la educación en nuestro país.

Colombia participa desde 2006 en estas pruebas que se realizan cada tres años a estudiantes de quince años en todo el país y que incluyen exámenes en lectura, matemáticas y ciencias. La buena noticia es que en estos 12 años hemos mejorado. Las malas noticias empiezan cuando vemos que esa tendencia ha perdido impulso, y que el resultado en lectura incluso cayó ligeramente el año pasado frente al 2015. Estamos por debajo del promedio de la OCDE en las tres áreas evaluadas y en la región solo superamos a Argentina, Perú, Panamá y República Dominicana. Vale anotar que todos los países de América Latina que participaron en las pruebas están por debajo del promedio de la OCDE.

Pero las lecciones para Colombia están más allá de los totales. Por ejemplo, cuando se miden las diferencias atribuibles al nivel socio económico de los estudiantes, la diferencia entre los más privilegiados y los más pobres en Colombia está en línea con los promedios de la OCDE. Lo cual no es tan malo considerando que Colombia es el país más desigual de la muestra. Lo que si es realmente preocupante es la diferencia de resultados por sexo. Las niñas colombianas están en clara desventaja frente a los niños, muy por encima de lo que sucede en otros países.

Un indicador grave es el índice de matoneo. El 32% de los estudiantes colombianos reportaron haber sufrido matoneo varias veces al mes, comparado con el 23% del promedio de los países. Lo más grave de eso es que los especialistas concuerdan que el matoneo incide en el ausentismo. Y esa es la cifra más preocupante que traen estas pruebas: 44% de los alumnos faltaron por lo menos un día a clase en las dos semanas previas al examen PISA, mientras que el promedio internacional es de tan solo 21%.

Otro dato importante que revelan las pruebas PISA es que en Colombia los directores de los colegios enfrentan más dificultades pues hay mayores déficits de profesores y de materiales de estudio que en el promedio. Y lamentablemente, esto es aún más grave en las instituciones educativas con estudiantes menos favorecidos que en las que asisten estudiantes privilegiados.

 Al leer el reporte general, varios temas saltan a la vista como retos fundamentales para la educación en el conjunto de los países. Primero, es que la relación entre el gasto en educación y la calidad no es tan simple. Mientras que la inversión en educación se incrementó durante la última década en promedio 15% en los países participantes, los resultados no muestran un incremento significativo en el resultado. Esto, obviamente no quiere decir que no debamos invertir más dinero en la educación, en particular en Colombia donde las necesidades de equipamiento y dotación siguen siendo tan grandes. Pero es un llamado de atención para que miremos no solo cuánto, sino cómo, en qué y en donde invertimos para tener un impacto real en la educación.

Las pruebas PISA confirman por otro lado la creciente importancia de la tecnología y del mundo digital para los jóvenes. Según la OCDE, solo el 5% de los estudiantes dicen no tener acceso a internet mientras que hace diez años ese porcentaje era de 15%. No se muestran los números para Colombia, pero con seguridad la tendencia es la misma. Los autores del informe anotan que, si bien el acceso a la información es un gran beneficio, la multiplicidad de fuentes y datos que se encuentran en internet imponen una exigencia mayor a los adolescentes para discernir la información y separar lo que es falso de lo que es cierto. En tiempos de fake news, esta es una conclusión relevante, cuanto más que según el mismo reporte, menos de uno de cada diez estudiantes es capaz de separar hechos de opiniones. Lo anterior subraya la importancia de que los establecimientos escolares, los profesores y las familias, contribuyan a que los jóvenes se formen un criterio y tengan una mirada crítica sobre la información para no tragar entero.

En definitiva, esta radiografía de nuestro sistema educativo es un llamado de alerta para que le demos prioridad a la educación. Pero el tema no es solo de pesos, sino de calidad, de ambiente escolar, de educación en valores democráticos y de respeto por el otro. Y seguramente una de las prioridades debe ser cómo reducimos la desventaja que sufren las mujeres en la educación.

Si en este momento en el que se busca construir nuevas soluciones para combatir nuestra inaceptable desigualdad, la educación debería estar en el centro de la Conversación Nacional convocada por el presidente Duque. Y la temática debe ser mucho más amplia que las exigencias y reclamos corporativistas de Fecode. Y eso debe incluir la evaluación de los docentes y su remuneración en función de la calidad. También pone en perspectiva la prioridad que se le debe dar a la educación básica y media. Si no mejoramos la calidad en esas etapas, la educación superior será igualmente mediocre y elitista. Continuar con el esfuerzo para alcanzar la jornada única tiene que ser una prioridad. El tema es complejo, pero realmente trascendental.

Tomemos los resultados de las pruebas como una oportunidad para mejorar nuestra educación. Si avanzamos en mejorar la educación para todos los jóvenes estaremos contribuyendo a reducir las desigualdades. El presidente Duque debería liderar esta discusión y hacer así realidad el compromiso con la equidad que enarboló en la campaña.

 

 

Fuente: Revista Semana

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